domingo, 3 de septiembre de 2017

CONFERENCIA "PRESIDENCIA DE ROBERTO M. ORTIZ"




Viernes 8 de septiembre                18,00 hs.

"Presidencia de Roberto M. Ortiz" por el Dr. Sandro Olaza Pallero




ENTRADA LIBRE Y GRATUITA              SE ENTREGA CERTIFICADO DE ASISTENCIA

Quintana 161 Palacio Balcarce (C.A.B.A.)

Inscripciones: Quintana 161 (Recepción) lunes a viernes 11 a 15 hs. Organiza Fundación Nuestra Historia.

jueves, 24 de agosto de 2017

CRONOGRAMA SEGUNDO CUATRIMESTRE 2017





14/8        Presentación del curso.

17           Historia e historia del derecho. Objetividad del historiador. Fuentes.

24          1. Estado argentino: a. Problema de la forma de gobierno. 
Preexistencia de las provincias argentinas o del Estado nacional.

28            Crisis del federalismo. Formación de los poderes nacionales.

31     b. Presupuestos del federalismo moderno. Primeros sistemas federativos. Nacimiento de la teoría federal.

4/9           c. Representación nacional de Santa Fe (1828-1829).

            d. Época de Rosas. Consideraciones generales. Pacto federal de 1831.

11           Idea de Rosas sobre la Confederación Argentina y la organización constitucional.

14           Generación de 1837.

18           e. Relaciones diplomáticas con las comunidades indígenas desde 1829 a 1860. El “negocio pacífico” con los indios.

21       2. Los reglamentos de administración de justicia: a. Reglamentos nacionales. Consideraciones generales.

25          b. Proyecto de ley de la provincia de Buenos Aires sobre la reforma judicial elevado por la Cámara de Justicia al gobierno el 12 de abril de 1833.

28         c. Tendencias del derecho procesal patrio. Independencia del poder judicial. Unidad de jurisdicción.

2/10         Jueces: 1) corriente antiletrada. Juicio por jurados. 2) durabilidad e inamovilidad.

5               d. Protección de los deudores: limitación de la prisión por deuda y del embargo. e. Restricción de la pena de muerte.

           3. Derecho penal: a. Características. B. Derecho penal provincial. Constitución Nacional.

12          d. Pena de muerte. Legislación y doctrina hasta 1853. e. Sistema carcelario.

19         4. Organización constitucional: a. Hacia el Congreso General Constituyente. b. Federalismo alberdiano.

23        c. Constitución de 1853. Precisiones lingüísticas de Sarmiento.

26       d. Naturaleza de la relación de Buenos Aires con la Confederación.

30      e. Reforma constitucional de 1860.

2/11   Seguimiento del TIIC.  

      Seguimiento del TIIC.

9         Seguimiento del TIIC.

13       Seguimiento del TIIC.

16       Entrega de los TIIC. Exposición de los TIIC.

23       Exposición de los TIIC.

27       Exposición de los TIIC.


30       Notas y firma de libretas.      

lunes, 21 de agosto de 2017

MANUEL ANTONIO CASTRO

Manuel Antonio de Castro.


Por Ricardo Miguel Fessia



I – Es nuestro evocado un hombre fundamental en el nacimiento y evolución de los estudios jurídicos y, en particular, de la práctica de la profesión al que Manuel Quintana llamó “uno de nuestros más notables jurisconsultos”. (1)


II – Llegó al mundo en la ciudad de Salta el 9 de junio de 1776. Según reza el Libro Nº 6 de Bautismos de la Iglesia de La Merced de Salta, al folio 177 se puede ver que el 12 de junio de 1776 fue “cristianado”, por el Maestro Francisco Toledo, Manuel Antonio, “criatura de tres días”, hijo legítimo de Pheliciano Castro y de doña Margarita González; fueron padrinos el Maestre de Campo Miguel Gallo y doña Ángela Gallo. Anotado como Manuel Antonio Castro y González.
         Siguiendo el decurso de la época, luego de recibir nociones primarias y secundarias de escolaridad en su ciudad natal, el joven Manuel Antonio ingresó a los 17 años -el 21 de febrero de 1793- al primer curso de Teología de la Universidad de Córdoba, para continuar el siguiente hasta fines de 1794.
         Su deseo era estudiar derecho y para ello debía marchar hacia el norte del virreynato. En Córdoba y con 21 años había alcanzado rango de catedrático; el 4 de abril de 1797, el Gobernador Intendente de Salta, García Pizarro, le comunicaba al Virrey Olaguer Feliú “haber trasladado la orden de V.E. de 23 de Febrero del Maestro de Artes don Manuel Antonio Castro, para que continúe regenteando la cátedra de Filosofía”. No obstante este posicionamiento, su voluntad pudo más y se matriculó en la Universidad de Chuquisaca, donde el año 1805 se graduó de abogado. Tuvo como condiscípulos a Mariano Moreno, Antonio Sáenz, Tomás de Anchorena, entre otros.

Vicente Fidel López hizo una descripción física bastante precisa, que responde a la única imagen que se cuenta, que no es muy clara. Claro que hay que dar fe a sus dichos y la referencia le pudo llegar de su padre. Decía que “Tenía una frente angosta y elevada, pómulos saliente, carrillos enjutos, cejas arqueadas y altas, ojos convergentes como los coyas, pero grandes y con forma de almendras; color bilioso, oscuro, busto tieso y cabeza ensimismada. Hombre serio y de probidad intachable, gozaba de mucha reputación y respeto ... Su estilo era árido y campanudo, de poca inventiva en el desarrollo y poca extensión en el movimiento de ideas ... Estaba habituado a hablar con imaginación y gusto literario, su frase era casi siempre afectada, engreída y pretenciosa, aunque correcta, honrada y regular”.


III – Logrado el ansiado título, supo ganarse el reconocimiento no obstante ser un foráneo en la ciudad; el Virrey del Alto Perú le nombró subdelegado ante las autoridades de la Paz, de la región de Yungas; y el Gobernador Intendente de la Paz y Presidente de la Audiencia de Charcas, Ramón García de León y Pizarro, lo convirtió en su secretario de confianza.
         Eran tiempo de grandes novedades políticas en la península y de las primeras manifestaciones independientitas en las colonias americanas. Había una manifiesta operación de los leales al rey y los que miraban con simpatía el nuevo posicionamiento en donde los portugueses pretendían ganar tierras. Tanto  García de León y Pizarro, que no era querido por el pueblo,  como el Arzobispo de La Plata, Benito María Moxó y Francolí, fueron  sospechados –fundamento o no- de “carlotistas”, y como tales de ser agentes del Virrey “francés” Liniers. Lo cierto es que el 25 de mayo de 1809 -fecha premonitoria- estalla una revuelta impulsada por los Oidores y los sectores bajos del clero, que ganó rápidamente las calles de Chuquisaca al grito de “quieren entregarnos a los portugueses!” y “viva don Fernando VII!”. Los manifestantes se apoderaron del palacio, el Presidente de la Audiencia García de León y Pizarro fue hecho prisionero y la propia Audiencia quedó a cargo del gobierno. El coronel Arenales tomó el mando de las milicias lugareñas para garantizas el orden.
         Con este panorama, Castro que estaba estrechamente vinculado al ahora preso presidente de la Audiencia, se marchó de la ciudad para guarecerse en Buenos Aires, en la corte de Virrey Cisneros que rápidamente lo convierte en su estrecho colaborador.

Pero la llegada a Buenos Aires tampoco le fue fácil; Moreno tenía noticias nuevas de los hechos de La Plata. Debió pasar poco tiempo y el propio Moreno redacta una orden de prisión para el “fugitivo de la ciudad de Charcas”. También en 1811 el Primer Triunvirato lo confinó lejos de Buenos Aires y debió mediar Pueyrredón para redimir el castigo.


IV – Un nuevo tiempo en su vida llegó cuando se lo promovió, en 1812, como “Elector” a los efectos de establecer la “Junta de la Libertad de Imprenta”. Una vez en la calle la publicación, habría escrito una serie de artículos bajo el epígrafe de “Reflexiones sobre el Reglamento de Institución y Administración de Justicia”, lo que le valió cierto prestigio. Sumado ello a los pocos abogados que había en la ciudad se llegó el 24 de mayo de 1813 en que el gobierno lo nombró vocal de la Cámara de Apelaciones.
         A poco de andar advierte el precario estado del funcionamiento del sistema jurisdiccional y por lo tanto propone un proyecto para establecer una “Academia de jurisprudencia” que el gobierno aprueba de inmediato el 25 de febrero de 1814. En el mismo acto, se nombró a Castro como Director.
         De esta forma parece encontrar estabilidad en la ciudad que le permite desplegar su capacidad y formación en las ciencias jurídicas. 
Ocupado y preocupado por el ejercicio de la jurisdicción, se encargó de redactar el texto del “Reglamento de administración de justicia” que la “Asamblea del año XII” aprobó en 1814. Si bien la propuesta era de la Cámara, (2) el impulsor era Castro.

Cuando en agosto de 1815 el Cabildo (3) convoca a la elección de diputados por Buenos Aires para el Congreso que debía reunirse en Tucumán al año siguiente, se postuló como tal, pero apenas si consiguió dos apoyos el de José Arévalo y el de Juan José Puy. Su ideario era claramente “monarquista” y “pueyrredonista”. (4)
         Hombre de pensamiento y acción, no conforme con los resultados de la asamblea, públicamente manifestaba su pensamiento y fundó “El Observador Americano” cuyo primer número apareció el 19 de agosto de 1816 y solo alcanzó 12 ediciones. Estaba motivado en la defensa del proyecto monárquico constitucional de Belgrano basado en la dinastía incaica. No obstante el prestigio del general, la idea no logró adeptos.
        
Producto de los graves problemas en Córdoba entre el gobernador Ambrosio Funes y el coronel Juan Pablo Bulnes, Pueyrredón envía a Castro y al deán Funes para mediar en el conflicto, pero las negociaciones fracasaron y el Director designa a Castro como gobernador en 1817. Permaneció hasta la sublevación de Arequito, el 8 de enero de 1820, y en ese tiempo reformó el plan docente de la Universidad y organizó la Biblioteca Pública en la ciudad. Nada o poco pudo hacer para detener la inestabilidad política.

         Pertinaz en su prédica, vuelto a Buenos Aires, emprende una nueva empresa junto a Bernardo Vélez y Buenaventura Arzac; edita “La Gaceta” durante varios meses de 1821 hasta que el gobierno, Rivadavia para ser más preciso, entendió que el Registro Oficial cubría de sobra la información gubernativa y por lo tanto ordenó el cierre. (5) Con toda seguridad no compartía la línea editorial y no tenía forma de controlarla.

Dedicado a tiempo completo a los menesteres de Camarista, es promovido a calidad de Presidente perpetuo del tribunal. Pero ello no sería tan definitivo, a poco es electo como representante por Buenos Aires al Congreso Nacional y una vez constituida la Asamblea en 1824, resultó el primer Presidente. El Congreso Nacional se declaró constituyente; no sin antes haber dictado una “Ley Fundamental” con propósito de afianzar “la independencia, integridad, seguridad, defensa y prosperidad de las Provincias Unidas del Río de la Plata”, pero fracasaron en sus objetivos; se disuelve la convención para iniciar un largo tiempo de anarquía.
         En el devenir del Congreso, se había presentado el proyecto de “capitalidad” por parte de Rivadavia por el que declara a la ciudad de Buenos Aires como capital. Castro se opone argumentando que “quedaba por este proyecto violado el pacto y la condición con que Buenos Aires entró a ser representada por el Congreso”. (6)
         Producto de la oposición de muchos caudillos de las provincias varios diputados fueron enviados al interior. (7) A Castro le cupo hacerlo a Mendoza donde fue recibido cordialmente tanto por el pueblo como por el gobernador Juan Corvalán, pero sus esfuerzos dialécticos resultaron inútiles. La suerte de la organización ya estaba echada.


V – Reintegrado sus cargos de Presidente del Tribunal de Justicia y de Director de la Academia de Jurisprudencia, no regresó a la vida política.
Dedicó su empeño a terminar de redactar el “Prontuario de práctica forense”, el mejor de sus trabajos que resultó póstumo, ya que su viuda se encargó de editarlo.
         Resentida notablemente su salud, el 16 de agosto de 1832, por ante el Escribano Luis López, titular del Registro Nº 1, otorgó su testamento. (8)
         En la mañana del 21 de agosto de 1832 fallecía en su domicilio de calle Potosí 11.
         Al día siguiente, los miembros de la Academia de Jurisprudencia trataron la forma de acompañar los restos del colega. El sepelio fue muy austero y solo estuvieron presentes sus familiares, una delegación de la Academia y algún abogado. Su actuación y compromiso político con las causas del centralismo porteño y del unitarismo, no lo hacían un hombre popular en esos años. 


V – El “Prontuario de práctica forense” fue un texto de uso corriente por varias décadas. Su primera edición fue hecha en la imprenta de la Independencia con 264 páginas con encuadernación Holandesa con letras de oro en el lomo en 1834. (9)
         No obstante la poca simpatía despertada por su autor, el texto lucía en la mayoría de las bibliotecas de los abogados y era constantemente citado en los escritos judiciales.
         Sus criterios fueron aceptados como una verdadera doctrina, casi como un dogma, a la que muchos magistrados ajustaron sus resoluciones. Fue una situación parecida a los doctrinarios del período clásico del Derecho romano –Gayo, Papiniano, Modestino, Ulpiano y Paulo- de la “Ley de Citas” cuyas opiniones eran tomadas como leyes.  
         Fue citado en obras posteriores como Miguel Estéves Seguí en su “Tratado elemental de los procedimientos civiles en el foro de Buenos Aires” de 1840, que de hecho fue la segunda obra en la materia, o Luis Méndez y Balcarce en el “Instituciones y doctrinas de comercio” de 1848. 




_____

(1) Para abundar en información es recomendable la lectura de:
ABASOLO, Ezequiel. “Las sanas doctrinas del doctor Castro en los tiempos de la codificación”, en Revista de Historia del derecho. Disponible en;  file:///C:/Users/rmfes/Downloads/Dialnet-LasSanasDoctrinasDelDoctorCastroEnLosTiemposDeLaCo-2388725.pdf
_____ “Un jurista patrio en el tránsito hacia la cultura de la codificación: Manuel Antonio de Castro y su Prontuario de Práctica Forense”. Revista Chilena de Historia del Derecho.
LEIVA, Alberto David. “Historia del foro de Buenos Aires. La tarea de pedir justicia durante los siglos XVIII a XX”. Buenos Aires, Ad-Hoc, 2005, 130 págs.
_____ “La biblioteca de un jurista mendocino en el siglo XIX, Don Manuel Antonio Sáez”. Buenos Aires, Dunken, 1977.
 
(2) La Cámara estaba integrada por Manuel Antonio Castro, Francisco del Sar, José Miguel Díaz Vélez, Gabino Blanco y José Miguel Carvallo.

(3) La elección estaba en manos de los “Electores”  que eran 12 por la capital y 11 por la campaña.

(4) Resultaron electos para representar a Buenos Aires; Pedro Medrano, Juan José Paso, Antonio Sáenz, fray Cayetano Rodríguez, José Darregueira, Tomás Manuel de Anchorena y Esteban Agustín Gazcón.

(5) Hombre polémico y de carácter tenaz, remite una nota al propio Rivadavia: “En 12 de septiembre de 1820 me encargó el gobierno superior de la provincia la redacción de la Gaceta ministerial, y tuve que aceptarla sin embargo de mis muchas ocupaciones, porque se me exigió este servicio especial en circunstancias muy peligrosas, porque nada quedase por mi parte de cuanto pudiese contribuir al restablecimiento del orden y de la tranquilidad pública. Pero hoy que felizmente se ha conseguido, y que el Registro Oficial hace menos necesaria la edición de la Gaceta, debo hacer presente que me distrae en parte de las serias y delicadas atenciones de la magistratura, con cuyo ejercicio no es muy conciliable, y me quita el corto tiempo de reposo que me dejan las funciones de mi empleo. Suplico a V.S. se sirva ponerlo en consideración del Exmo. Señor Gobernador y Capitán General, a efecto de que se digne, como firmemente espero, relevarme de este encargo. Dios guarde a V.S. muchos años”.

(6) De nada valieron esos disensos y el 4 de marzo, quedó sancionada la ley de “capitalidad” que el Poder ejecutivo promulgó dos días más tarde, quedando, en consecuencia, cesante el gobernador Las Heras y disuelta la Junta de Representantes porteña.

(7) Juan Ignacio Gorriti fue enviado a Córdoba; Diego Estanislao Zavaleta a Entre Ríos; Francisco Remigio Castellanos a La Rioja; Manuel de Tezano Pinto a Santiago del Estero; Mariano Andrade a Santa Fe; y Dalmacio Vélez Sársfield a San Juan.

(8) El texto es el siguiente: “Presidente de la Exma. Cámara de Justicia en esta Provincia, vecino de la misma, natural de la ciudad de Salta, hijo legítimo de don Feliciano de Castro, ya finado, y de doña Margarita González, que hoy vive”. Dispuso que el cuerpo fuera sepultado en el cementerio público, y que sus funerales se realizaran en la Iglesia de San Francisco, “con la mayor moderación posible”. Dijo haber sido casado primeramente con “Doña Petrona Biyota” — Villota —, “de cuyo matrimonio legítimo tengo dos hijos menores nombrados don Manuel Antonio y don Tomás Felipe de Castro”. Luego contrajo segundas nupcias con “Doña Gertrudis Biyota”, hermana de su finada esposa, la que no le dió descendencia. Aclaró no poseer más bienes que sus muebles y “alhajas peculiares precisas de mi empleo, como son un par de evillas de oro, un bastón de oro y otras así de esta especie, de que están instruidos mis albaceas”. Llamábase su suegro “don Tomás Biyota” y sus cuñados “Estanislada Biyota, viuda de José García, y Alejandro Biyota, que se halla en Lima”. Finalmente nombró por albaceas, mancomunadamente, a su mujer doña Gertrudis y al señor Manuel José García, éste como curador de sus hijos; o, en ausencia suya, al doctor Marcelo Gamboa, prestigioso Juez y civilista. Testigos del acto fueron; Juan de Garay, Domingo de Escovedo y Francisco Luis de Chas; de todo lo cual di0 fe el escribano Luis López.

(9) Se puede ver en: https://archive.org/details/prontuariodepra00castgoog

sábado, 5 de agosto de 2017

CRONOGRAMA DE HISTORIA DEL DERECHO (CARRERA FRANCO-ARGENTINA DE ABOGACÍA-USAL)





CRONOGRAMA DE

HISTORIA DEL DERECHO (CARRERA FRANCO-ARGENTINA DE ABOGACÍA-USAL)


1er año
Profesor Titular: Dr. Sandro Olaza Pallero




4/8.    Presentación del curso y de la materia.

11/8.  La Historia del Derecho. ¿Para qué sirve? Historicidad del Derecho. Explicación del TIIC*. ¿Cómo trabaja un historiador del Derecho? Investigación. Fuentes. Heurística.

18/8.   Período hispanorromano. El sistema romano. El pensamiento jurídico greco-romano. La romanización de España. Notas del derecho romano. Derecho romano hispano.

25/8.  Período visigótico. Marco histórico general. Caracteres generales del Derecho. Textos legales visigóticos. Elementos formativos del Derecho visigótico.

1/9.     Período altomedieval. Marco histórico general. El Derecho musulmán en España. La reconquista española. La repoblación, los fueros y las cartas pueblas.

8/9.     Período bajomedieval. Iglesia y reforma, siglos XI y XII. La doctrina escolástica. El Derecho canónico. Escuela de Bolonia. Glosadores. Comentaristas. Obra legislativa de Alfonso X el Sabio. Las Partidas. Ordenamiento de Alcalá de Henares.

15/9.   Período moderno. Segunda escolástica. El descubrimiento de América. Señorío de los Reyes Católicos. La Recopilación de 1680. Derechos indígenas. La organización jurisdiccional de las Indias Occidentales. El Río de la Plata durante los siglos XVI y XVII.

22/9.    Período contemporáneo. Ideas jurídicas. El despotismo ilustrado y su influencia. Fundamento jurídico-político de la Revolución de Mayo. Problema de la forma de gobierno: federalismo y unitarismo. Preexistencia de las provincias o del Estado nacional.  

29/9. Primer parcial.   

6/10.    Misión francesa (no hay clases).

13/10.  Misión francesa (no hay clases).

20/10. Constitucionalismo. La Declaración de Independencia norteamericana. Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Provincias Unidas del Río de la Plata: Rechazo de la Constitución de 1826. La época de Rosas. La Asociación de Mayo. La Constitución de 1853. Las reformas de 1860 y 1866.

27/10.  Codificación. Codificación iberoamericana. Argentina. Los Códigos Civiles francés y argentino. Codificación penal. Positivismos. Positivismo económico, normativo, sociológico y biológico.

3/11.  Segundo parcial. Entrega del TIIC.

Final: Fecha a designar.

* Temas del TIIC a elección del alumno:

1) Constitución de 1853: Visiones de Alberdi, Sarmiento y Gorostiaga.
2) La Generación de 1837.
3) Formación del Estado federal argentino.
4) Los afroargentinos en tiempos de la Confederación Argentina.

5) Rosas y su política con los indígenas.

viernes, 4 de agosto de 2017

HISTORIA DEL DERECHO-PROGRAMA USAL CURSO FRANCO-ARGENTINO




CARRERA FRANCO-ARGENTINA DE ABOGACÍA

Programa de

HISTORIA DEL DERECHO
1er año
Profesor Titular: Dr. Sandro Olaza Pallero



I. UNIDAD INTRODUCTORIA

A. La Historia del Derecho. ¿Para qué sirve? Historicidad del Derecho.
B. ¿Cómo trabaja un historiador del Derecho? Investigación. Fuentes. Heurística. Reconstrucción. Exposición.
C. Necesidad de la Historia del Derecho en los planes de estudio. Historia de la historiografía jurídica. La historia jurídica argentina.

II. PERÍODO HISPANORROMANO

A. El sistema romano. El pensamiento jurídico greco-romano. La romanización de España.
B. Notas del derecho romano. Derecho romano hispano. Derecho natural clásico.
C. El Imperio y el Derecho en una época de crisis y decadencia. La nueva fuerza de la costumbre.

III. PERÍODO VISIGÓTICO

A. Marco histórico general. Caracteres generales del Derecho. Textos legales visigóticos.
B.  Elementos formativos del Derecho visigótico. Los visigodos como conservadores del legado romano.

IV. PERÍODO ALTOMEDIEVAL

A. Marco histórico general. Dispersión normativa. El Derecho musulmán en España.
B.  La reconquista española. Fuentes del Derecho castellano. 
C. La repoblación, los fueros y las cartas pueblas.

V. PERÍODO BAJOMEDIEVAL

A. Iglesia y reforma, siglos XI y XII. La doctrina escolástica. El Derecho canónico.
B.  Escuela de Bolonia. Glosadores. Comentaristas. Difusión de los estudios jurídicos.
C. Baja Edad Media castellana. Obra legislativa de Alfonso X el Sabio. Las Partidas. Ordenamiento de Alcalá de Henares.

VI. PERÍODO MODERNO

A. Segunda escolástica. El descubrimiento de América. Donación pontificia. Señorío de los Reyes Católicos. El desarrollo de la conquista.
B.  El Derecho Indiano. La Recopilación de 1680. Derechos indígenas.
C. La organización jurisdiccional de las Indias Occidentales. Los fueros especiales. Otros fueros.
D. El Río de la Plata durante los siglos XVI y XVII. El sentido colonizador y la organización política. La conquista espiritual.


VII. PERÍODO CONTEMPORÁNEO

A. Ideas jurídicas. El despotismo ilustrado y su influencia. Los juristas del siglo XVIII.
B. Estado argentino. Fundamento jurídico-político de la Revolución de Mayo. Problema de la forma de gobierno: federalismo y unitarismo.
C. Preexistencia de las provincias o del Estado nacional. Crisis del federalismo.
D. La enseñanza elemental. Fundación de la Universidad de Buenos Aires. La enseñanza del Derecho.  

VIII. CONSTITUCIONALISMO

A. Las Declaraciones de Derechos. La Declaración de Independencia norteamericana. Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. 
B. El Congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata de 1824 a 1827. La Ley Fundamental. Rechazo de la Constitución.
C. La época de Rosas. La Asociación de Mayo.
D. La Constitución de 1853. El conflicto entre la Confederación y Buenos Aires. Las reformas de 1860 y 1866.

IX. CODIFICACIÓN

A. Escuela de la Exégesis. Federico Carlos von Savigny. Ciencia de las Pandectas o jurisprudencia de conceptos. Naturalismo jurídico.
B. Codificación iberoamericana. Argentina. Los Códigos Civiles francés y argentino. Descodificación.
C. Código de Comercio.
D. Codificación procesal. Antecedentes. Procedimiento civil. Procedimiento penal.
E. Codificación penal. Antecedentes. Proyecto de Carlos Tejedor. Primer Código Penal. Segundo Código Penal.

X.  POSITIVISMOS

A. Comte. Orígenes y características del positivismo.
B. Escuela de la exégesis tardía.
C. Positivismo económico, normativo, sociológico y biológico.
D. Positivistas argentinos.


BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL:

-Levaggi, Abelardo, Manual de Historia del Derecho Argentino, Buenos Aires, Lexis Nexis-Depalma, 2001- 2005, 3 tomos.
-Lorente, Marta y Vallejo, Jesús (Coordinadores), Manual de Historia del Derecho, Valencia, Tirant lo Blanch, 2012.
-Rabinovich-Berkman, Ricardo, Un viaje por la Historia del Derecho, Buenos Aires, Quorum, 2002.
-Rabinovich-Berkman, Ricardo, Historia del Derecho. Un desafío apasionante, Buenos Aires, La Ley, 2014.
-Tau Anzoátegui, Víctor y Martiré, Eduardo, Manual de Historia de las Instituciones Argentinas, Buenos Aires, Emilio J. Perrot, 2005.
-Zorraquín Becú, Ricardo, Historia del Derecho Argentino, Buenos Aires, Perrot, 1988, 2 tomos.

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA:

-Abásolo, Ezequiel, Bastante más que degradantes andrajos de nuestra pasada esclavitud. Fragmentos sudamericanos de la pervivencia de la cultura jurídica indiana durante el siglo XIX, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, 2014.
-Levaggi, Abelardo, Judicatura y Política. La justicia federal en las provincias argentinas (1863-1883), Buenos Aires, Ciudad Argentina, 1997.
-Levaggi, Abelardo, Las cárceles argentinas de antaño (Siglos XVIII y XIX): Teoría y realidad, Buenos Aires, Ad-Hoc, 2002.
-Levaggi, Abelardo, Dalmacio Vélez Sarsfield, jurisconsulto, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 2005.
-Levaggi, Abelardo, Confederación y federación en la génesis del Estado argentino, Buenos Aires, Universidad Nacional de Buenos Aires, 2007.
-Levaggi, Abelardo, La enfiteusis en la Argentina (siglos XVII-XX). Estudio histórico-jurídico, Buenos Aires, Universidad del Salvador, 2012.
-Levaggi, Abelardo, Paz en la frontera. Historia de las relaciones diplomáticas con las comunidades indígenas en la Argentina (siglos XVI-XIX), Buenos Aires, Universidad del Salvador, 2014.









jueves, 8 de junio de 2017

A 75 AÑOS DE LA CREACIÓN DE LA JUNTA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA ARGENTINA: APORTES DE FIGURAS REPRESENTATIVAS DE LA HISTORIOGRAFÍA DE LA IGLESIA RIOPLATENSE


JUNTA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA ARGENTINA

75° ANIVERSARIO DE  SU CREACIÓN

JORNADA ANUAL

Jueves 22 de junio


APORTES DE FIGURAS REPRESENTATIVAS DE LA HISTORIOGRAFÍA DE LA IGLESIA RIOPLATENSE


16, 30 hs. Apertura: Palabras del Presidente de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina Pbro. Dr. Ernesto Salvia.


“Guillermo Furlong”              Dr. Sandro Olaza Pallero.       


“Vicente D. Sierra”               Lic. Carlos Pesado Palmieri.


“Cayetano Bruno”                 R. P. Alejandro León SDB


LUGAR: Corporación de Abogados Católicos (Santa Fe 1206 1° “A”-C.A.B.A.)


19,00 hs. Misa de Acción de Gracias y memoria de los miembros fallecidos presidida por Mons. Martín de Elizalde obispo emérito de 9 DE JULIO en la Parroquia San Nicolás de Bari (Santa Fe 1352-C.A.B.A.).

viernes, 12 de mayo de 2017

EL PANÓPTICO (JEREMÍAS BENTHAM)







Jean-Pierre Barou: El Panóptico de Jeremías Bentham es una obra editada a finales del siglo XVIII que ha permanecido desconocida. Sin embargo, tú has escrito una serie de frases sobre ella tan sorprendentes como éstas: "Un acontecimiento en la historia del espíritu humano", "Una especie de huevo de Colón en el campo de la política". Por lo que se refiere a su autor, el jurista inglés Jeremías Bentham, lo has presentado, como el "Fourier de una sociedad policial"'. Para nosotros es un misterio. Pero, explícanos, cómo has descubierto El Panóptico. 

Michel Foucault: Estudiando los orígenes de la medicina clínica; había pensado hacer un estudio sobre la arquitectura hospitalaria de la segunda mitad del siglo XVIII, en la época en la que se desarrolla el gran movimiento de reforma de las instituciones médicas. Quería saber cómo se había institucionalizado la mirada médica; cómo se había inscrito realmente en el espacio social; cómo la nueva forma hospitalaria era a la vez el efecto y el soporte de un nuevo tipo de mirada.


BENTHAM, Jeremías, El Panóptico, Madrid, Ediciones de la Piqueta, 1979. 

https://iedimagen.files.wordpress.com/2012/02/bentham-jeremy-el-panoptico-1791.pdf  

http://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2014/12/doctrina37466.pdf

miércoles, 1 de febrero de 2017

DELITOS SEXUALES Y PENALIZACIÓN EN LA VENEZUELA DEL SIGLO XVIII – LA CRIMINALIDAD EN VENEZUELA COLONIAL: CASO DE BESTIALIDAD





Por Juan Carlos Reyes *


            “En el pleito y causa que de oficio de justicia se ha seguido contra Francisco Joseph de Villegas, de color pardo, natural de esta ciudad sobre el delito y crimen de pecado de sodomía que cometió y ejecutó con una burra en el pago de Guarenas el día quatro de julio próximo pasado de este año en un monte de dicho pago, vistos los autos con lo demás que convino etcétera.
Fallo atento a ellos y méritos del proceso que por lo que resulta contra el referido Francisco Joseph Villegas le devo de condenar y condena en pena de muerte en cuya conformidad será sacado de la cárcel Real donde se halla preso al lugar donde estubiere el patíbulo y en el en la forma más conveniente por defecto de verdugo, se ejecutará en el sitio dicho la dicha pena hasta que naturalmente haya muerto, y la dicha burra que sea traída a esta ciudad sea sacada a lugar competente y en el será muerta quemada y por esta mi sentencia que se ejecute sin embargo de cualquiera apelación definitivamente juzgando asi lo pronuncio mando y firmo, sin aser condena de bienes por no constar tenga ningunos dicho reo. Don Martín de Lardizábal”.
“En la ciudad de Caracas en cinco de agosto de mil setecientos treinta y cuatro años, yo el escribano pongo por dilixencia haberse executado la sentencia de muerte proferida contra Francisco Joseph de Villegas de lo qual do fe= Gascón. Escribano”.
El escrito anterior es una sentencia extractada de un expediente levantado contra un poblador de la ciudad de Guarenas en el siglo XVIII. El juez que la dispuso, Martín de Lardizábal, era gobernador y capitán de la Provincia de Venezuela, pero además poseía tal poder e idoneidad que en su curriculum encontramos: pertenencia al Consejo de su Majestad, alcalde del crimen de la Audiencia de Zaragoza, electo alcalde de su casa y corte, y además de su nombramiento para Venezuela se hizo con la jerarquía de comandante general de la Provincia.
La motivación de esta sentencia dictada por el juez Lardizábal, así como la de muchas otras que se dictaban por delitos de orden sexual, no es más que el castigo por la violación del orden natural e incluso celestial impuesto tanto por la Iglesia como por el Estado para normar la forma de actuar de los hombres en la tierra.
Es necesario, para comprenderla, introducirse en los cuadros de vida y costumbres, así como en la mentalidad de la época, pues la violencia que en ella se observa era cotidiana, normal y perfectamente comprensible para los pobladores de estas tierras en el siglo XVIII, ubicados como un todo, es decir que abarcaba la ideología de la generalidad de las esferas sociales.
Es preciso puntualizar a su vez, que en la sociedad monárquica, todos los poderes de organización social se resumían en la persona del soberano -aún faltaba tiempo para que la Revolución Francesa rompiera drásticamente con tal estado de cosas e impusiera un nuevo y moderno orden- y, e este modo toda acción que infringiera las normas del equilibrio social, o contraviniera la armonía de la institución familiar, era, en principio, un ataque a la persona del rey, por tanto, todo delito en esencia debía ser considerado “crimen majestatis”.
Pero, además, los jueces que impartían justicia en territorios tan alejados de la sede metropolitana actuaban como personeros ejecutantes de los mandatos soberanos, y aun cuando contaran con cierta libertad de acción o arbitrio judicial, en lo fundamental obedecían e imponían las normas morales e ideológicas que dimanaban de España a todos sus dominios, bajo una especie de vigilancia por “control remoto”, más fácilmente apreciable en este terreno de las ideas que en cualquier otro.
Conviene aquí hacer una precisión sobre la idea de la muerte. La idea de la muerte, tan temida por la cultura occidental de nuestros tiempos, ha sido distinta en diversas épocas, y por su parte el siglo XVIII poseía su propia visión del “término de la vida”; no es que no se le temiera, sino que estaba “más a la mano”; era algo más rutinario, más normal, pues la situación demográfica y biológica del hombre de entonces le hacía enfrentarse a ella en todo momento. Las enfermedades y el hambre, lo recurrente de las mortíferas epidemias, la mortalidad infantil exagerada, lo precario del equilibrio bio-agrícola, hacían de la muerte algo familiar.
Por tanto, una decisión judicial de condena a muerte, que representa a nuestros ojos signos de crueldad y violencia, es probable que para los pobladores del siglo XVIII representara, en términos reales, simplemente un castigo y la satisfacción de la vindicta pública, sin entrar en consideraciones de lo justo o injusta de la pena, o lo bien o mal que haya sido vista por el pueblo.
Es importante ahora pasearnos, groso modo, por la visión que la iglesia católica poseía acerca del asunto. La institución eclesiástica gracias a una poderosa y estricta organización logra ordenar a través de sus escritos las ideas de cómo debería funcionar el mundo, y a su vez el cómo normar el comportamiento de los hombres. Por ende, a lo largo de su dilatada trayectoria ha condenado como pecado la bestialidad, manteniendo esto casi invariablemente en su doctrina hasta nuestros días.
La concepción religiosa de corregir el pecado de lujuria se mantiene incólume a través de siglos, en tanto que el esperado reino de Dios en la tierra implicaba el mantenimiento de los preceptos considerados inamovibles para el mejor sostenimiento de una sociedad apta para vivir en ellas, y que castigara todo aquello que atentara contra el orden natural de las cosas.
En consecuencia, si hablamos de la sociedad colonial venezolana no podemos obviar la influencia que dentro de ella, tenían las ideas cristianas esparcidas a todo el mundo occidental conocido, pero a su vez tampoco se debe dejar de lado el afianzamiento de un estado que pretendía el control de las actuaciones de cada uno de sus súbditos. Ya no con la amenaza ideal de impedirles el disfrute de un feliz destino ultraterreno sino con algo más particular, concreto y terrenal, que era el castigo de los hombres por los mismos hombres (el Estado), a quien infringiera la norma. En resumen no basta el castigo del alma, hay que castigar el cuerpo, el individuo.
El Estado civil, por tanto, absorbe muchas de estas ideas y doctrinas eclesiásticas para ser aplicadas como lo que efectivamente eran, mecanismos de control social que pretendían vigilar al individuo hasta lo más íntimo de su ser, su sexualidad; y de allí que la condena de estas prácticas, puede afirmarse, servía a ambas instituciones, civil y eclesiástica, sin negar con esto el ancestral enfrentamiento que por motivos políticos, económicos e ideológicos han mantenido.
En este orden de ideas vemos como ya desde los inicios, la doctrina católica condena tales prácticas bestialistas con el rigor y la dureza que se vivía en los primeros tiempos de la era cristiana. Los textos de la Biblia -Antiguo Testamento- arrojan las primeras informaciones que se conocen respecto al tema, como vemos en el libro del Levítico, en el capítulo 18 “sobre la moralidad sexual” en que se dice: “ni con ningún animal tendrán ayuntamiento amancillándote con él, es perversión” (Levítico 18:23).
Pero la Biblia no solamente invoca lo inmoral del pecado sino que a la vez impone la norma que ha de seguirse en el mencionado caso. El libro del Éxodo, en su capítulo 22 acerca de las “Leyes morales y religiosas”, lo expone de manera clara y precisa: “El que tenga ayuntamiento con bestia, ha de morir” (Éxodo 22:19).
La institución eclesiástica, mediante el pensamiento de grandes teólogos, fue analizando la cuestión a lo largo del tiempo, y en ello se observa una actitud casi inalterable respecto a la observación que se hacía del pecado. Incluso, para el siglo XVIII, los manuales de estudio teológico mantienen idénticas concepciones que permiten conservar aquellas disposiciones cristianas que se pretenden inamovibles y que la iglesia propugna como conductas que es necesario extirpar pues enfrentan sus principales columnas ideológicas.
El problema se centró entonces en la generalización de la lujuria como pecado, y se le ha dividido fundamentalmente en siete faltas distintas. De esta forma, encontramos enumeradas las siguientes materias: simple fornicación, el adulterio, el estupro, el incesto, el rapto, el sacrilegio y los pecados contra la naturaleza.
Pero es Santo Tomás de Aquino en sus obras (específicamente en la Suma Teológica) quien comienza a ordenar de manera metódica los preceptos que han de regir en la comprensión del asunto y también a analizarlos según la concepción cristiana, para de manera bastante precisa y sencilla exponer tan enrevesada materia.
“En la cumbre de la escala -nos dice Tomás de Aquino- con gravedad excepcional se encuentran los pecados contra la naturaleza”.
“Entendemos por tales todos los actos lujuriosos que repugnan al orden y modo establecido por la naturaleza para realizar el acto venéreo, cuyo fin es la concepción y generación (…) Hasta el presente, la lujuria se mantenía dentro de las normas señaladas por la naturaleza para poder conseguir el fin del acto; todos conducían a la concepción humana. En el vicio contra la naturaleza se rompe incluso ese orden, al fin, se obstaculiza, se impide la consecución del mismo. Se mantiene todo lo que hay de placer venéreo, pero se rompe el proceso normal de concepción” (S.T. 2-2 q. 154 intr.).
Pero Santo Tomás no se queda solamente en el análisis somero de los pecados contra la naturaleza, sino que ordena y detalla a cada uno para su mejor comprensión; en el caso tratado nos dice: “Producción del placer venéreo mediante el coito carnal con seres de especie distinta de la racional; es el vicio denominado de la bestialidad” y acota a continuación la postura moral que debe guiar para su juicio: “es gravísimo y extremadamente bochornoso” (S.T. 2-2. q. 154 intr.).
Sin embargo, en la concepción tomista se observa una jerarquización de la diversidad de pecados que implica la lujuria; y en ella las de hacer notar la importancia del análisis que hace acerca de la gravedad de cada uno de los delitos según se atente contra el prójimo, para aclarar y concluir que los pecados contra la naturaleza (dentro de los que se incluye la bestialidad) no son por esta razón los más graves dentro de los correspondientes a la lujuria en general. De esta forma apunta que: “tanto mayor es el pecado cuanto más se opone más a la caridad para con el prójimo que el vicio contra la naturaleza, por el cual a nadie se injuria. Luego no es el mayor de los pecados de lujuria” (S.T. 2-2 q. 154. A. 12).
Por otro lado, es importante mencionar que por revisión hecha a los textos redactados por cronistas y misioneros que visitaron nuestros territorios, no apareció ninguna información que permita afirmar la práctica de la bestialidad entre los pobladores prehispánicos, tal parece entonces que el pecado o delito tenía la marca española y dado el conservaturismo que imponía la religión católica predominante en España, es probable que haya sido una práctica relativamente común en las provincias españolas y que luego fue trasplantada a tierras americanas.
Es así como en los trabajos de Francisco López de Gómara, Felipe Salvador Gilij, Fray Pedro Simón, Antonio de Herrera, Lucas Fernández de Piedrahita, Fray Antonio Caulin, Pierre Pelleprat, Joseph de Acosta, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, José Gumilla y Fray Pedro de Aguado, no se encuentra siquiera mención al problema.
Hasta aquí hemos podido ver de manera general atisbos de la historia del pecado y sobretodo la concepción eclesiástica que regía su delimitación. Pero entremos ahora en el problema de cómo veía el Estado español la cuestión.
Ya desde las siete Partidas de Alfonso X, en vigencia desde el siglo XIII, podemos encontrar una unidad en su concepción de la bestialidad como pecado, pero ahora, y con la intromisión del Estado, se ha convertido en delito. Su texto es muy preciso:
“Cada uno del pueblo pueda acusar a los omes que fiziesen pecado contra natura, e este acusamiento puede ser fecho delante del juzgador do fiziesen tal yerro. E si le fuere provado, deve morir por ende también el que lo faze, como el que lo consiente (…) esa misma pena deve aver todo ome, o toda muger, que yoguiere con bestia, e deven demás matar la bestia para amortiguar la remembranza del fecho” (Siete Partidas. Part. 7. título 21. ley 2).
Claramente notamos aquí el porqué de la condena a muerte contra el reo y la incineración del animal en la sentencia que citamos al comienzo de este trabajo. Y varios siglos después en la Novísima Recopilación -de principios del siglo XIX- se seguía manteniendo la animadversión a tal delito, aun cuando en su época se encontraba en discusión en toda Europa la utilidad de la pena de muerte para la erradicación del delito y evitar su reincidencia.
Es así que, en la mencionada recopilación, se insiste de manera drástica en el castigo ejemplar del transgresor:
“Porque entre los otros pecados y delitos que ofenden a Dios nuestro señor,  e infaman la tierra especialmente es el crimen cometido contra orden natural; contra el qual las leyes y derechos se deben armar para el castigo de este nefando delito, no digno de nombrar, destruidor de la orden natural, castigado por el juicio divino; por el cual la nobleza se pierde y el corazón se acobarda (…) y porque las penas antes de agora estatuídas no son suficientes para extirpar, y del todo castigar tan abominable delito (…) establecemos y mandamos, que cualquier persona de cualquier estado, condición o preeminencia o dignidad que sea que cometiere el delito nefando contra naturam, seyendo en el convencido por aquella manera de prueba, que según derecho es bastante para probar el delito de heregía o crimen Lesa Majestatis, que sea quemado en llamas de fuego en el lugar” (Nov. Rec. Libro XII, Título XXX, ley 1).
Como hemos visto las leyes en sí mismas contienen una dualidad que manifiesta su estructura interna, y en ellas pueden observarse posturas éticas y morales que persiguen el deseo porque no se cometan transgresiones al orden, pero también la intención explícita de que quien las cometa debe sufrir una pena, un castigo.
Por otro lado, es posible afirmar que el delito de bestialidad no es recurrente, por lo menos por los escasos expedientes que pueden encontrarse en los archivos históricos. Tal hecho probablemente se debe a dos razones íntimamente relacionadas: la primera está vinculada a la privacidad con que se ejecutaba, pues generalmente se hacía en los campos donde se trabajara con las bestias, lo que generó cierta impunidad o que el hecho pasara inadvertido a la justicia o a los mismos pobladores; y la segunda, que implicaba lo necesario que era para el actor utilizar aquellos lugares furtivos que permitieran no ser visto por cualquier potencial acusador, en vista de la repulsión que la sociedad le tenía a dichas prácticas.
El expediente del año 1734, del cual extractamos su sentencia, arroja informaciones muy valiosas para formarnos una idea de la visión con que era visto el delito, así como la represión sexual que se observaba en la época; como ejemplo de ello puede citarse que el acusado no fue capturado por funcionarios de justicia, sino por algunos empleados de la hacienda en que trabajaba, lo que hace suponer que la población condenaba en su fuero interno el delito y por tanto creía en la necesidad de denunciarlo ante algún funcionario de los juzgados. Esto se desprende del auto de proceder del juez que se encargó de la causa:
“En el valle de Santa Cruz de Pacairigua, jurisdicción del pueblo de Guarenas en seis días del mes de julio de mil septecientos treinta y quatro, yo don Juan Agustín Henríquez de Almeida correxidor del pueblo de los Guarenas  sus anexos por su majestad digo: que hoy en este día se me notició que Francisco Joseph Villegas, vecino de la ciudad de Caracas y asistente en esta jurisdicción, ha sido hallado por unos morenos de dichos herederos en la hacienda de su cargo cometiendo el pecado de bestialidad con una burra el día domingo cuatro del corriente y para que semejante delito no quede sin el castigo correspondiente mando a hacer información sumaria del caso…” (Arch. Acad. Nac. Hist. Sección civiles. Arch. I. Vol. 145. exp. 14).
Además, en la confesión hecha por el reo Francisco Joseph Villegas encontramos algunos elementos que sutilmente esbozan la coerción y el control que por la vía sexual se imponía a los pobladores para el acceso a la relación con el otro sexo; la respuesta dada en el interrogatorio por el acusado es bastante explícita:
“…dijo: que es verdad que hizo como tiene dicho y declarado acto torpe con dicha burra dicho día como se le hace cargo pero que la culpa de ello es de su mujer que anda fugitiva desde la última pascua de espíritu santo y por eso y peligrar en buscar la mujer ajena para su desahogo tuvo el acto de que se le hace cargo con dicha burra y responde…” (expediente citado).
Ingenuamente quizás, en otro momento del interrogatorio, el inculpado, al preguntársele sobre la reincidencia en la que pudiera estar incurso por haber cometido el delito en otras ocasiones, afirma no haberlo cometido sino que en esa única oportunidad, sin sospechar la gravedad que contenía su acción a los ojos de la sociedad de entonces, lo que le costaría la vida; su texto expone:
“…y habiéndole vuelto a preguntar y repreguntar y rogar por Dios y la Virgen y todos los santos y bajo el mismo juramento, si ha cometido otro semejante pecado en otra ocasión dijo que no lo ha cometido sino en esta con la burra expresada y que esta es la verdad como si se estuviera confesando para morir, so cargo del juramento que tiene hecho en que se afirma y ratifica…” (expediente citado).
En resumen, hemos podido apreciar la condena a la máxima pena a un individuo por un delito de orden sexual, las razones de ello están en el peculiar juego entre las concepciones civiles y eclesiásticas acerca del mundo y la sociedad.
Por su parte, el estudio de la sexualidad y por ende de las mentalidades no es tarea fácil, sin embargo es factible enfrentarlo ya que las ideas de los hombres tienen siempre manifestaciones concretas en el ámbito social. No sólo los hombres piensan autónomamente, sino que cuando actúan en sociedad, dirigen, controlan, administran e imponen pensamientos al resto de los hombres que con él conviven, de tal modo también crean leyes y un Estado acordes a un orden que se pretende ideal.
La realidad de la vida cotidiana que transcurría en el siglo XVIII, por tanto es posible comprenderla a través de diversas aristas y complejos mecanismos de control social, dentro de los cuales se encuentra el movimiento tribunalicio de la época. En fin, no deja de ser apasionante la intención de hurgar en la mente de aquellos hombres, tutelada por la autoridad de la Iglesia y el Estado.

* Miembro adscripto al Departamento de Investigaciones Históricas de la Academia Nacional de la Historia.

Boletín de la Academia Nacional de la Historia n° 312, Caracas, Octubre-Diciembre, 1995, pp. 111-117.