miércoles, 15 de octubre de 2014

SEMINARIO PERMANENTE SOBRE LA HISTORIA DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES





SEMINARIO PERMANENTE SOBRE LA HISTORIA DE LA FACULTAD DE DERECHO
DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
 
(En sus primeros 10 años de existencia)

 
El conexo Proyecto UBACYT 2000030100068BA que dirige el Dr. Tulio Ortiz, tiene el agrado de invitar a usted a la presentación de Informe anual.
 
JUEVES 30 de octubre. 18,30 a 20.  Instituto Gioja.

domingo, 12 de octubre de 2014

NOTAS TOPS "HISTORIA DE LOS DERECHOS HUMANOS"





Alumno  T 1 T 2 T 3 T 4 T  5 T  6 T  7
Arbizu, Florencia 8 7 8 7 7 8 7
Armando, María Marta 0 6 6 0 8 9 8
Armstrong, Julián 7 7 5 7 5 5 5
Badalassi, Elías Natanael 6 7 6 0 10 7 0
Batista, Florencia 7 5 5 8 7 7 10
Becvort, Zulma Carola 6 6 6 0 8 9 6
Chávez Llinares, Yanina 7 8 7 6 6 9 8
Choque Darlemp, Aymara 0 0 4 5 4 5 0
Chuquimia, Dalma 0 4 9 10 0 0 0
Ciboure, Mauro 0 6 4 0 5 0 0
Costa, Julieta 7 7 10 0 7 5 0
Crevatín, Sabrina M. 7 7 7 8 9 7 10
Damiano Leiro, Cyntia R. 7 4 9 10 0 0 0
Dávila, Daiana Débora 6 7 6 0 10 7 0
Dobniewski, Mariano 7 9 9 8 8 9 8
Faillace, Yamila 6 7 8 9 6 8 9
Ferrari, Juan Manuel 7 7 5 6 6 8 9
Fojo, Silvina 6 5 8 7 0 7 8
Gilman, Anabel 7 9 0 8 8 8 7
González Dieser, Gustavo 6 5 5 4 4 8 8
Gorini, Manuel 7 7 10 0 7 5 0
Herrera, Julio A. 0 6 0 5 0 6 0
Mallón, Marta Alicia 6 0 6 0 0 0 0
Niccoló, Gonzalo 5 4 5 0 5 0 0
Núñez, Gonzalo 0 7 0 6 7 8 5
Olmos, Norberto R. 9 9 9 7 8 6 0
Oropeza Miazzo, Jorge Amaru 6 0 0 0 0 0 7
Polegritti Rasero, Virginia 5 5 7 6 5 10 10
Rando, Sebastián Fabricio 5 0 0 0 0 0 0
Robles, Belén 7 8 7 6 6 9 8
Roggi, Nerina 5 7 4 6 0 10 0
Romero Sturtz, Constanza 7 0 8 9 6 8 9
Ruffa, Nahuel 7 9 9 8 8 9 8
Sain, Ágata Estefanía 8 9 10 0 8 10 7
Sánchez, Emmanuel 6 7 5 7 7 6 6
Santaniello, Orlando Fabián 8 9 8 7 8 8 7
Scilingo, Romina 6 7 0 6 7 7 6
Sigón, Benjamín 6 5 5 7 8 7 0
Tofel, Matías 5 7 5 6 9 7 6
Toranzo, Patricio 0 6 4 0 0 0 0
Zaleski, Alan 8 7 8 7 7 8 7

jueves, 18 de septiembre de 2014

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL SENADOR DEL FRENTE JUSTICIALISTA DE LIBERACIÓN, D. ROLANDO OSCAR HNATIUK EN LA HISTÓRICA SESIÓN REALIZADA EL DÍA 30 DE OCTUBRE DE 1973, POR EL SENADO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, AL SANCIONARSE LA DEROGACIÓN DE LA LEY 139, DE 1857, QUE DECLARABA "REO DE LESA PATRIA" AL BRIGADIER GENERAL DON JUAN MANUEL DE ROSAS

Juan Manuel de Rosas.




Sr. Presidente.- Tiene la palabra el señor Senador Hnatiuk.

Sr. Hnatiuk.- Señor Presidente, señores Senadores: la emoción quiebra mi voz, ante la llegada de este instante, anhelado desde la niñez, buscado a través del largo accionar de mis años y que hoy por los avatares de la lucha en que encaucé mi vida, me ofrece la dignísima oportunidad de participar en esta solemne instancia de la reivindicación sin restricciones del Brigadier General don Juan Manuel de Rosas, apoyando la derogación de una ley que infama y que separa a los argentinos desde hace tantos años.
En la emoción de estar representando en este honorable recinto, junto a todos los señores Senadores, a las corrientes populares que desde ese pasado de lucha y de gloria, de pasiones y de agravios, de esperanzas y de sueños de grandeza, se encausaron en diversos partidos y movimientos, hasta llegar a la Unión Cívica Radical y al gran Movimiento Nacional Justicialista, como herederos de aquel aguerrido pueblo gaucho que tuvo en Rosas un digno conductor y jefe y que, con él al frente, defendió la soberanía de la Patria. Es la emoción de ocupar este estrado para rever una ley que lastima, sancionada por aquellos prohombres de su tiempo, y aunque no logremos, como ellos, el homenaje del bronce y ni siquiera un modesto recuerdo en las páginas de la historia, nos sentimos pletóricos de orgullo de pertenecer a esta generación reivindicatoria que, dejando atrás agravios y estériles divergencias que exacerban, se encolumnan detrás de las banderas de la unión nacional que levantó, con la visión premonitoria de los genios, el Teniente General Perón. (Aplausos).
Siguiendo esa trayectoria que marcó nuestro Líder, nuestro Movimiento bregó siempre por la revisión de la historia para lograr así la auténtica unión nacional. Ya en 1951 se alzó en esta Legislatura la voz de nuestro Movimiento que, por intermedio del diputado René Orsi, fundamentó brillantemente la oposición al homenaje propuesto por el pronunciamiento contra Rosas.              
Señores Senadores: al derogar la infausta ley que nos perturba, borremos con hidalguía y con grandeza las negras páginas que reflejan las largas cuentas de agravios que motivó la pasión y el odio de esa época cruda de la historia. Ignoremos la falacia de quienes juzgaron mereciendo ser juzgados; olvidemos las acciones de oprobio y de ignominia que impusieron al vencido, porque hoy ya se ha cumplido lo que tanto temían sus circunstanciales vencedores, cuando en ambas cámaras, en ocasión de sancionarse esta ley que hoy vamos a derogar, mientras pujaban todos por cubrir al ausente indefenso con denuestos y ludibrios infamantes, alguien dijo:       
"Lancemos sobre Rosas este anatema, que tal vez sea lo único que pueda hacerle mal en la historia, porque de otro modo ha de ser dudosa su tiranía y también sus crímenes. Cuando se diga: "La Inglaterra, a ése que llaman tirano sus enemigos, ese país civilizado y culto, le alargó la mano de la amistad y le llamaba su grande y buen amigo. ¿Qué se dirá en la historia y cómo se le considerará tirano cuando se sepa que a un caído se le hicieron honores cuando llegó a esa gran nación?. ¿Qué se dirá en la historia y esto sí que es hasta triste decirlo, sin embargo debo hablar la verdad y debo hablar claro lo que siento, qué se dirá en la historia, cuando se diga que el valiente General Brown, el héroe de la marina en la guerra de la independencia fue el Almirante que defendió sus derechos?. ¿Qué se dirá en la historia, sin este anatema, cuando se diga que ese hombre que contribuyó con sus glorias a dar brillo a ese sol de mayo que el señor diputado recordó en su discurso; cuando se diga que el General San Martín, el vencedor de los Andes, el Padre de las glorias argentinas, le hizo el homenaje más grande que puede hacer un militar legándole su espada?. Se creerá esto si no lanzamos un anatema contra el tirano Rosas. Se creerá dentro de 20 ó 30 años o más, si se quiere ir más lejos cuando se ve al héroe de la marina argentina, el General Brown, el General San Martín, héroes de nuestras glorias, cuando se sepa que esos hombres les servían fieles y les rendían los homenajes más respetuosos, a la par de Francia y de Inglaterra?". (Diputado Albarellos 3/7/1857. Pág. 3).              
Señores Senadores: Lo que tanto temieron y quisieron evitar ya se ha cumplido. La figura de Rosas, que intentaron sepultar bajo el anatema de tirano, se levanta hoy, junto al Padre de la Patria, con su verdadera dimensión de   Héroe.
La derogación de esta ley tiene un significado que trasciende más allá de la reivindicación de Juan Manuel de Rosas, pues constituye, sin duda, el acto de clausura de la distorsión premeditada de nuestra historia.      
En nuestro país ha existido una política de la historia tendiente a impedir que la historia verdadera contribuyera a formar la conciencia nacional imprescindible para construir la Nación.
Ha existido una sistematización dirigida de la historia concebida después de Caseros; todo un mecanismo de la prensa, del libro, de la cátedra, de la escuela, de todos los medios de formación del pensamiento que nos presentaban como una cosa juzgada esa historia, reprimiendo regimentadamente, toda discusión profunda que sobre ella se intentara.
La historia falsificada fue iniciada por los que combatieron a Rosas; las pasiones de ese momento inicial pueden explicar las inexactitudes y los juicios emitidos. No constituyen sino la visión parcial de una bandería pero sobre ella se construyó, y con pretensión de verdad absoluta todo el aparato cultural del      país.
Muchos de los vencedores de Caseros se habían aliado al extranjero para luchar contra Rosas; con los imperios que pretendían avasallar nuestra soberanía, porque no comprendían la realidad de su tierra y creían que la civilización y el progreso se importaban como los tejidos de Manchester. No comprendían que no se puede construir un país desde una ideología, que la Patria no son determinadas instituciones, sino su tierra y sus hermanos todos.
Dos concepciones de patria, excluyentes y antagónicas, inevitablemente chocaron desde el comienzo de nuestra historia. Para unos, la Argentina era el régimen político liberal y el patriotismo consistía en importar la civilización europea. Para ello se debía renegar del pasado, cortar de raíz nuestro origen hispano, para imponer las instituciones anglosajonas, que eran el modelo del progreso que se impusieron. Esa era la "civilización"; nuestros hombres, con su modo de vida, eran la barbarie. La solidaridad no estaba dada con la noción elemental de patria, sino con una determinada posición ideológica.
Para los otros argentinos, la patria era algo real y concreto que estaba en los hombres y en las cosas de la tierra. No estaba en un conjunto de instituciones, sino en el sentimiento de una tradición común y en la conciencia de la solidaridad para preservarla.
Era la Argentina formal que anteponía a todo la existencia de las formas liberales frente a la Argentina real que anteponía su existencia misma y la soberanía de la Nación.
Una era minoritaria pero intelectualizada, la otra popular y espontánea. En su incapacidad para comprender la realidad, esas minorías procedieron a contrapelo con la historia. No se dieron cuenta que para construir una nación, pues de eso se trataba, debían partir de la realidad para incorporar a ella los adelantos de su tiempo, y erigir las Instituciones sobre las seguras bases de la tradición y con las particularidades propias de cada pueblo.
Cuando ese pueblo, huérfano de una clase dirigente que lo llevara por el camino de su consolidación nacional, se agrupó detrás de los caudillos para defender su causa, fue calificado de bárbaro, y se buscó el apoyo extranjero para sojuzgarlo.
Así sucedió con Artigas y los orientales en los primeros pasos de la independencia, con los devaneos monárquicos de los directoriales en su búsqueda de un protectorado de alguna de las potencias de la época, hasta que las lanzas de las montoneras ponían fin a esos intentos, pero vencidas en los tratados de paz y en los hábiles manejos de los negociadores, volvían a ser traicionadas en sus deseos de unión nacional y de Confederación.
Durante muchos años, los pueblos del interior que se aferraban tenazmente a esa unión y que impedía la disgregación total de las Provincias Unidas del Sud, el antiguo virreinato de Buenos Aires, eran traicionados desde la metrópoli gobernada por los grupos minoritarios ligados a los intereses del imperio inglés.     
Por eso fue muerto Dorrego, porque no se podía permitir que un hombre del pueblo, un patriota de sus quilates, gobernara Buenos Aires y se pudiera consolidar esa unión nacional. Pero el pueblo de la Provincia de Buenos Aires no perdió su cabeza, como pensaban los que alentaron el fusilamiento de Dorrego. Se encolumnó detrás de don Juan Manuel de Rosas que aparecía, como defensor insobornable de sus derechos.
Rosas era como los hombres que gobernaban las demás provincias, un hombre de su tierra, sin deformaciones ideológicas y conocedor de los deseos y aspiraciones de su gente.
Rosas, por ser una expresión cabal de su pueblo, no se deslumbró con espejismos y se dedicó a construir la nación con los elementos que tenía en sus manos.
Toda nación que está en período de gestación comienza por afianzar sus fronteras, por consolidar el territorio defendiendo hasta con ferocidad su soberanía. Ese es el ejemplo de todas las grandes naciones del mundo. Para ello debía asegurar la unión nacional y terminar con las disensiones internas, para lo cual utilizó el único método válido conocido: respetar la voluntad de los pueblos.          
Así pudo asumir con éxito la defensa de la soberanía y su consecuencia más importante: la independencia económica.                 
Frente a esta tarea estaban las grandes potencias de la época, que tenían planes muy distintos para nuestra América Hispana, la América de las republiquetas sin destino, sin fuerzas o impotentes al avasallamiento. Era la política de la patria grande, de la patria que necesitaba gigantes para construirla.           
Por supuesto que aquellos que creían que los imperios venían a cumplir una labor civilizadora a estas tierras no vacilaron en alinearse detrás de la extranjería y combatieron a Rosas por tirano y bárbaro, porque no se avenía al progreso que esas potencias "generosamente" nos traían.        
Bien conocemos la generosidad de los imperios, bien sabemos que siempre han disfrazado sus descaradas intervenciones detrás de la defensa de las libertades y la civilización.
Por eso, al vencer finalmente a Rosas, debieron cubrir su figura con todas las infamias y los agravios con que habitualmente las oligarquías visten a los candidatos populares.
Los argumentos usados por Francia e Inglaterra, para justificar sus intervenciones en el Río de la Plata, como los del imperio del Brasil para cubrir sus intenciones de expansión territorial, fueron, como siempre, la defensa de las libertades públicas y los derechos humanos sojuzgados por un tirano feroz y sangriento.
Contaron, por supuesto, con la colaboración de algunos malos argentinos exiliados, que en su odio a Rosas y a los federales solicitaban la intervención extranjera para liberar al país.
Los periódicos panfletarios de Montevideo, financiados con libras o francos, lanzaban las acusaciones más infames contra el Gobernador de Buenos Aires.
Se escribían los artículos más rebuscados tratando de demostrar que Rosas no gobernaba con el consentimiento del pueblo.
Pero lo que es más triste, esos argentinos escribían artículos periodísticos, o hacían declaraciones públicas defendiendo las pretensiones territoriales de países limítrofes en perjuicio de su propio país y acusaban a Rosas de agresor por pretender afianzar el territorio nacional, recuperando las fronteras del antiguo virreinato. 
Era bárbaro el gobernador de Buenos Aires por defender el dominio sobre nuestros ríos, por impedir su libre navegación a los imperios. Estos exiliados eran los de la patria de las Instituciones a quienes les molestaba el país real y despreciaban la defensa del territorio. Eran los que justificaban el posible desmembramiento de Entre Ríos y Corrientes para formar una república aparte, los que defendían derechos de Chile sobre la Patagonia argentina.
Producida la defección de Urquiza, que llevó al equívoco a muchos federales, que al poco tiempo comprenderían la magnitud de la tragedia, vuelven los unitarios a Buenos Aires y junto a los conversos que nunca faltan, se aprestan a realizar el gobierno de las luces, a repetir la experiencia de Rivadavia.
Muy poco tiempo tarden en romper con Urquiza y desligarse de la Confederación; aquél había sido un instrumento para voltear a Rosas y nada más. Desde el 11 de Septiembre en adelante, comenzarán a realizar su tarea destructora del basamento popular en la Argentina.
Enquistados en el gobierno de Buenos Aires, teniendo a su favor los recursos del puerto y el apoyo interesado del imperio, hostigarán a la Confederación consolidando su triunfo en Pavón, hecho a partir del cual quedarán clausuradas las posibilidades de una Argentina integrada.
Estos grupos son los que van a escribir la historia de Rosas y los caudillos federales. Por eso aquella historia inicial fue panfletaria, casi podríamos decir que era la trascripción de los denuestos de la prensa en el exilio montevideano.
La sanción de la ley que hoy hemos de derogar es una demostración cabal del procedimiento utilizado. Con sólo leer los debates de aquella época podremos adivinar cual fue la intención. Había que poner una cortina que tapara la época de Rosas, no había que analizarla, ya estaba juzgada por la historia.
Cómo iban a justificar para la posteridad las actitudes de Rosas defendiendo la soberanía y ellos cometiendo lo que el artículo 33 de la Constitución califica así: "La traición a la patria consistirá únicamente en tomar las armas contra ella o unirse a sus enemigos prestándoles ayuda y socorro". Pero a partir de allí comienza la tarea de falsificación de la historia, realizada a conciencia, porque esa historia falsificada sería la base para la construcción del país según el modelo adoptado.
No hay, ni puede haber, una política con fines nacionales sin un conocimiento veraz del pasado en el que la posibilidad de esos fines esté contenida. Es el conocimiento de la realidad imprescindible para un planteo del futuro. Es la experiencia adquirida que ahorra la búsqueda, que evita ensayos permanentes, la continua frustración en el cuerpo social. La falsificación ha perseguido dos fines: el de los liberales en el sentido de que el ejemplo, el modelo, sea la Argentina formal, la Argentina de las instituciones en desmedro del país real, y el de los intereses económicos que había detrás de aquellos que pretendían, a través de esta desfiguración del pasado, impedir que los argentinos poseamos las aptitudes necesarias para la concepción y realización de una política nacional. Se trataba de evitar que tuviéramos conciencia de cómo se construye una Nación y de cómo se dificulta esa formación para que no tuviéramos una doctrina que nos diera la concepción de cómo conducir esa nación.
Por eso no podemos tomar a la desfiguración de nuestra historia como un mero hecho personal, porque si así hubiera sido, los errores e inexactitudes hubieran sido corregidas, desaparecidos los actores, y con ellos las pasiones. Pero no fue así, porque como lo dijéramos al principio, aquí ha existido una política de la historia, un sistema perfectamente organizado que funcionó como la estructura cultural del país para impedir la formación de una conciencia nacional.
La política de la historia falsificada es, y fue la política de la antinación, de la negación del ser y las posibilidades propias.
Era la exigencia de la estructura económica que se creaba para la aplicación, sin miramientos, del liberalismo económico, en coincidencia con los intereses de la Gran Bretaña, que se fundamentaban en la división internacional del trabajo. Conforme a ese esquema, el Río de la Plata tenía el destino de ser, exclusivamente, proveedor de materias primas. Se debía construir un país con una reducida clase terrateniente, una mínima clase media necesaria para la intermediación, la burocracia del Estado y la muy escasa técnica necesaria para esa economía simple. El país pastoril, con una clase señorial poderosa y con una población desposeída.
Para adecuar a la Argentina al papel que se le había asignado se recurrió a la falsificación de la historia y a la destrucción de los antecedentes culturales del país, por considerarlos bárbaros.
Desde Pavón en adelante, por otra parte, se había llevado a cabo, con las famosas guerras de policía, las levas forzosas para la muerte en la frontera indígena, la inmolación inútil de la guerra con nuestra hermana nación paraguaya para servir a los intereses de la casa de Braganza, el exterminio del elemento humano que habitaba nuestra tierra. Ese hombre común, el gaucho, que había formado en todos los ejércitos que defendieron la Patria Grande, aquellos que, detrás de los caudillos reconocieron la causa nacional. Aquellos gauchos que Hernández simbolizara magistralmente en el "Martín Fierro", diciendo en sus versos, la persecución implacable a que fueron condenados por el régimen en su intención de suplantarlos por un pueblo dócil a sus designios.
Había que traer a los europeos, aptos para comprender esas libertades que sólo eran formales. Pero abiertas las puertas de la inmigración, esta tierra se vió inundada por las masas de inmigrantes, las que, al tomar contacto con la tierra, fueron adquiriendo la conciencia que yacía subterránea y silenciosa. Y muy pronto sus hijos se encolumnaron detrás de los nuevos caudillos populares y comenzaron a oponerse a los intereses del régimen, "falaz y descreído". Así pasó en el 90 con Alem; el heredero de las luchas federales que, al defender el respeto a la voluntad popular, estaba sosteniendo los mismos principios de autodeterminación e independencia de los caudillos. Por eso podemos decir, sin equivocarnos, que, de la lucha popular por defender su derecho a construir la Nación, nace la revisión de nuestra Historia, como consecuencia inevitable. Con Hipólito Yrigoyen, ese pueblo retoma el poder político y lleva a la practica una política nacional independiente. Por ello cae traicionado, y el ilustre presidente recibe los mismos agravios infames desde los sectores llamados bienpensantes, que había recibido Rosas y los caudillos federales.
En 1945, cuando las masas populares se hacen presente en el escenario político, son calificadas de ignorantes y su líder ridiculizado y vilipendiado por esos mismos sectores, que siempre han encontrado los idiotas útiles que sirvieron a sus intereses antinacionales. (¡¡Muy Bien!! ¡¡Muy Bien!! Aplausos).

Cuando el Teniente General Perón es derrocado en 1955, se pretendió repetir lo acontecido con Rosas y los caudillos federales, con todos los hombres que defendieron la causa popular. Pero ya el régimen había sido derrotado, el pueblo no solamente tenía conciencia de sus destino nacional, sino que tenía el método para enfrentar a la reacción: La clase trabajadora orgánicamente organizada.
Se habló de la segunda tiranía y sólo se logró que el pueblo comprendiera más la lucha de los federales y se sintiera más identificado con ese pasado.
Porque era la misma lucha; porque la conciencia nacional había vencido a la distorsión histórica, se reencontraba en la militancia de la lucha por la liberación nacional.
Por eso, Señores Senadores, no vamos a derogar simplemente una ley, ni vamos a reivindicar solamente a un hombre; vamos a dar consagración parlamentaria, en esta Legislatura, en la que están representadas las mayorías populares, a la lucha del revisionismo histórico, a la lucha por una conciencia nacional.
Para aquellos que piensan que es en vano discutir sobre el pasado, para los "comprometidos" a no comprometerse, que ven en esta tarea perder el tiempo en lugar de ponerse a pensar en el futuro, les digo que, precisamente, de esto se trata, de construir el futuro del país con autenticidad y grandeza. No ha sido Rosas el centro de una polémica, de una pasión personalista, lo ha sido porque significaba la discusión entre dos argentinas inconciliables, dos modelos de país: el de la división internacional del trabajo sin proyección americana, y la Argentina soberana y americanista.
Porque éste es el significado de la reivindicación del Brigadier General don Juan Manuel de Rosas, con él lo hacemos a todos los caudillos populares argentinos y se lo hacemos a los hombres anónimos que lo acompañaron en todas las luchas para defender la soberanía nacional.
Los argentinos hemos aprendido la lección de la historia: unidos podremos construir, con independencia nuestro destino, y a los que pretendan dividirnos desde la ideología importada, les señalamos esa lección de la Historia. No se puede torcer la voluntad de un pueblo valeroso con falsas interpretaciones ni mentiras a designio. No se puede desmerecer a los conductores populares con el agravio o el desprecio intelectual.
Señores Senadores: un viejo militante de esta lucha, como el que habla, no puede dejar de emocionarse al comprobar que estamos llegando triunfales al final de la misma.
La derogación de esta ley es quizás, la comprobación efectiva de que comenzamos a andar el camino de la Patria Grande. (Muy bien! Muy bien! Aplausos. Varios señores Senadores rodean y felicitan al orador).

domingo, 14 de septiembre de 2014

SAÚL TABORDA. PENSAMIENTO Y ACCIÓN

Saúl Taborda.



Por Sandro Olaza Pallero




1. Vida y obra

Saúl Taborda nació el 9 de noviembre de 1885 en la estancia “Chañar Ladeao”, propiedad de sus padres Rosario Taborda y Ramona Pereyra, ubicada en Santiago Temple (Provincia de Córdoba). Su familia era de criollos de resonancia en la zona. Inició sus estudios primarios en la escuela elemental de Santiago Temple y los culminó en la Escuela Normal de Córdoba. Cursó los estudios secundarios en el Colegio Nacional Oeste de Buenos Aires y el Colegio Nacional de Rosario, donde habría abrazado las ideas anarquistas, mientras compartía las aulas con Amadeo Sabattini, Enzo Bordabehere y Florentino V. Sanguinetti. [1]
En el Centenario surgieron algunas de las pasiones de Taborda: la literatura, la vida universitaria y la política. Publicó su primer libro de prosas y versos, Verbo profano (La Plata, 1909) y asistió como delegado estudiantil en el Congreso Universitario de Buenos Aires de 1910. Carlos O. Bunge cuando opinó sobre Verbo profano, le dijo a su autor: “Más que poeta parece Ud. un filósofo que hace versos”. Ese mismo año se recibió de abogado en la Universidad Nacional de La Plata y comenzó a ejercer la profesión en Córdoba. También inició su doctorado que culminó en 1913 en la Universidad Nacional del Litoral. Su tesis fue La eximente de beodez en el Código Penal (Córdoba, Imprenta Bautista Cubas, 1915). Un ejemplar de la tesis la dedicó a Rafael de Altamira con estas palabras: “A don Rafael Altamira, el noble maestro que conquistó el alma de América para España. Su discípulo y amigo Saúl Alejandro Taborda”. [2]
Participó en la revista Renacimiento y publicó el artículo “Instituciones eclesiásticas coloniales” (s/f). Este sería un anticipo del capítulo dedicado a las “Instituciones Eclesiásticas” en sus Reflexiones sobre el ideal político de América (1918). Renacimiento se publicó entre 1909 y 1913 y tuvo como director a Florencio César González y como colaboradores a Alfredo L. Palacios y Manuel Ugarte.
Radicado en Córdoba, Taborda fue uno de los fundadores del “Círculo de Autores Teatrales de Córdoba”, del que fue vocal y presidente en 1916.  Esta entidad actúa con grupos de escritores, docentes, alumnos universitarios, la Federación Obrera Local y la “Biblioteca Córdoba” dirigida por Arturo Capdevila. Taborda se insertó en el activismo cultural de la Universidad Popular (1917) en círculos obreros y bibliotecas populares. Ahí alternó la amistad, manifiestos, tertulias, actos callejeros, cargos públicos y recursos de amparo para luchadores y huelguistas. [3]
En esta primera etapa de su vida pública se enroló en el “americanismo literario” y buscó convertirlo en un valor moral que superase al frío materialismo positivista y los procesos de “modernización”. Estética literaria conjugada con la retórica y que constituyeron elementos importantes empleados en la Reforma de 1918. Sus creaciones dramáticas y literarias plasmaron su pensamiento, como la tensión entre modernidad y tradición.
En su línea combativa y militante evidenció su ética de izquierda, donde señaló la lucha de la libertad contra el deber religioso en el drama en tres actos La obra de Dios (Cuaderno manuscrito, 1916). [4] Lanzó una rabiosa diatriba contra la moral de la burguesía ganadera en la novela Julián Vargas (Córdoba, La Elzeviriana, 1918), a la que calificó como “clase holgazana, debilitada y enviciada hasta la médula”. Destaca Horacio Sanguinetti que esta obra que relata los avatares de un joven provinciano bajado a Buenos Aires, donde hallará “amor, consuelo y desamparo”, tiene mucho de autobiográfico. La gran urbe que fascinaba con sus progresos y lujos como el Teatro Colón. “Aquí surge un enigma cultural a develar –dice Sanguinetti-, pues importa entender la contradictoria impresión que Iris, una ópera recién presentada por Pietro Mascagni, el músico de moda a la sazón, produce en Julián Vargas, y nos animamos a decir que en Taborda, pues no podría manifestarse como lo hace si no lo hubiese vivido…En cuanto al público, recibe de Taborda un indiscriminado desprecio ya que iba todo, según él, a exhibir en aquel inmenso palomar su aire, envuelto en sedas, recamado en joyeles, toda su vanidad, su tedio, su hipocresía y su estulticia”. [5]
Taborda descubre lo popular a través de “Juan Pueblo” en el drama El mendrugo (Inédito, 1916) y que fue puesto en escena por la Compañía de Enrique Muiño-Antonio De Bassi en Córdoba el mismo año. Contenidos influidos por un vitalismo de inspiración nietzcheana y anarquista, que consideraba a la vida como esencia de la realidad e imperativo de la libertad y que anticipaba los grandes motivos de su pensamiento político. Autores como Stirner, Sorel, Bakunin, Kropotkin y Proudhon fueron mencionados en sus obras con un contenido anticlerical, antiestatalista, autodeterminación popular, federalismo, pacifismo, reforma agraria y crítica a los verticalismos autoritarios y al liberalismo parlamentarista. [6]
En 1918 publicó sus Reflexiones sobre el ideal político de América (Córdoba, La Elzeviriana), primer ensayo de largo aliento que Taborda concibió al calor americano de la gesta de la Reforma Universitaria y dedicado al “último” José Ingenieros, aquel que denunciaba la aurea mediocre burguesa en El hombre mediocre (1913). Criticó a las instituciones eclesiásticas y afirmó que fue junto con el ejército un apoyo del absolutismo laico: “Desde el onganga del Gabón salvaje y primitivo hasta el sacerdote de los pueblos civilizados de nuestros días la historia de las instituciones eclesiásticas es la de una tiranía subjetiva destinada a apuntalar los regímenes políticos derivados de la lucha del hombre contra el hombre…Y como el régimen vigente es acusadamente un régimen de clase, lo es también la institución que lo protege y lo defiende aunando los anhelos y las aspiraciones religiosas de los pueblos y predisponiendo la psiquis colectiva en un sentido favorable a los que mandan”. [7]
La democracia americana se deberá erguir desde una soberanía plena, trascendente del “mero electoralismo”: “El partido político como fuerza organizada para el antagonismo en un régimen surgido del comité, ya no será posible…La soberanía no se expresará así por medio de una boleta encerrada en una urna; se expresará por todos los órganos del pensamiento. Los partidos políticos han respondido a un mínimo de soberanía y a un máximo de autoridad; la opinión pública o social responde a un máximo de soberanía y a un mínimo de gobierno”. [8]
Señalaba el ideal político de la filosofía: “Colocar el esfuerzo de la filosofía en el lugar prominente que le corresponde, desligarla, rescatarla de los intereses materiales que la desnaturalizan, arrancarla de las manos de las clases que la detentan y bastardean en beneficio propio, es la obra que corresponde realizar a la democracia. Para afirmarse hasta ser el triunfo del pueblo ella debe quitar de las manos de los déspotas las obras de Hegel y de Aristóteles”. [9]
Durante la gestión reformista, en 1920, Taborda fue nombrado titular de la cátedra de sociología de la Facultad de Derecho de la Universidad del Litoral en Santa Fe. Ese mismo año arribó a La Plata, donde fue designado rector del Colegio Nacional –dependiente de la Universidad-, cargo que abandonó en 1921, tras ser procesado por “anarquizador”. La reforma comenzaba a declinar ante el avance de la contrarreforma y la reacción conservadora en Córdoba, encabezada por Julio Argentino Roca (h) gobernador de la provincia entre 1922 y 1925 y la acción de la “Liga Patriótica” y la “Unión Popular Católica Argentina”. En 1922 cayó preso por participar en una manifestación y fue liberado por su amigo Deodoro Roca quien presentó un recurso. El 4 de diciembre remitió una carta abierta al Dr. Benito Nazar Anchorena –rector de la Universidad Nacional de La Plata-, publicada en La Voz del Interior dos días después. Se trató de una refutación a las acusaciones que originaron la cesantía de Taborda del rectorado del Colegio Nacional de la Plata. “Yo sobreviviré en el recuerdo de muchos corazones; usted –le decía Taborda a Nazar Anchorena- sólo vivirá en algún retrato colocado en los muros de su despacho por la mano de algún empleado”.  Cabe destacar que Nazar Anchorena fue más tarde miembro de la Corte Suprema y alejado de sus funciones, tras un juicio político durante el gobierno del general Juan Domingo Perón en 1946 “por haber convalidado los gobiernos de facto de 1940 y 1943” y de integrar la lista de conjueces con “apellidos de abogados captados por el capitalismo extranjero o pertenecientes a la oligarquía dominante”. [10]
 Entre 1923 y 1926, Taborda viajó por Europa en busca de nuevos aires y saberes. Así estudió filosofía en la Universidad de Maraburgo –destino que le habría aconsejado José Ortega y Gasset- y posteriormente en las Universidades de Zurich, Viena y París. También cursó pedagogía en las Universidades de Heidelberg y Leipzig. Recorrió Italia y España, lo que le produjo revalorar su origen hispánico, pues tenía una mala opinión sobre la Madre Patria. [11]
Taborda comenzó a tener un desasosiego –compartido entre otros por José Luis Romero y Ezequiel Martínez Estrada-  ante los oscurecidos e infames años ´30 y lo llevaría a “ahondar en los secretos de nuestra crisis”. Desde Córdoba junto a Carlos Astrada, Taborda alentaría la formación de un movimiento nacional, llamando a “todos los hombres preocupados por esta hora del mundo que quieran trabajar en la afirmación de una nueva conciencia social y de un nuevo orden espiritual…asistimos así al paradójico espectáculo de movimientos, partidos y hombres de auténtico fervor revolucionario en cuestiones económicas y políticas, que sin embargo profesan un hermético conservadorismo en lo cultural, hasta el extremo de querer perpetuar formales espirituales típicas de la ideología burguesa del siglo XIX: biología darwiniana, sociología naturalista, metafísica materialista, ética y pedagogía utilitarias, literatura y arte realistas, etc.” (Manifiesto para un Frente de Afirmación de un Nuevo Orden Espiritual, F.A.N.O.E., Buenos Aires, Septiembre de 1932). Entre otros firmaban Saúl Taborda, Carlos Astrada, Luis Juan Guerrero, José Luis Romero, Francisco Romero, Jorge Romero Brest, Juan Mantovani, José Babini, Alberto Baldrich y Jordán Bruno Genta. A partir de los enunciados del FANOE, se acusaría a sus ideólogos de “fascistas encubiertos hasta hoy bajo la máscara de su revolucionarismo espiritual”. [12] Sin embargo, Taborda firmaba en 1934 el “Manifiesto Antifascista” promulgado en Europa por el comunista francés Henri Barbusse y movilizado en Córdoba por Deodoro Roca, además participaría del “Comité contra el Racismo y el Antisemitismo en la Argentina”. [13]
Taborda será recordado como un gran pedagogo, autor de “Investigaciones pedagógicas (Bases y proposiciones para un sistema docente”, editado en Revista de la Universidad Nacional de Córdoba, año XVII, N° 3-4, 5-6, 7-8, Córdoba, Mayo-Octubre de 1930). En su libro La psicología y la pedagogía, Taborda resume magníficamente los grandes problemas de la psicología y la pedagogía y su mutua relación. Parte del postulado de que la pedagogía no se funda en la psicología, pero aunque estas dos disciplinas apunten a fines distintos, existe un punto indudable de contacto, fructuoso para ambas. “El psicoanálisis pedagógico es un método que se aplica mecánicamente. No responde a un fin porque no está en su índole el proponer fines a la educación”. Respecto de la Universidad  de Córdoba señaló que fue inadecuada para consolidar la unidad nacional pactada en 1853 y “las necesidades políticas provocaron la nacionalización de la Universidad de Buenos Aires”. “La Argentina no ha sufrido una influencia más directa que la francesa. Nada adquirió de España, en la era del coloniato, porque España no enseñaba nada, siguiendo con la ignorancia la misma táctica que seguía con el empobrecimiento mediante el monopolio económico”. [14]
El 16 de febrero de 1935, cuando se conmemoraba el centenario de la tragedia de Barranca Yaco –el asesinato del caudillo Facundo Quiroga-, Taborda fundó la revista Facundo. Crítica y polémica. Salieron siete números entre febrero de ese año y diciembre de 1939 y destacaba en Meditación de Barranca Yaco el origen común de los pueblos que conformaron la demarcación territorial llamada Argentina, es decir un concepto de nación en sentido sociológico y de origen federalista. “Formada por núcleos constituidos y consolidados en una enorme superficie geográfica separados por la distancia, propicia a la acentuación de características regionales, pero ligados por lazos espirituales legados por Castilla, esa comunidad estaba estructurada y dispuesta como entidad para la historia y su evidente vocación política era el intercomunalismo federalista”. Por este medio entabló una polémica con Domingo F. Sarmiento y sostuvo que el tema capital en Quiroga no estaba en la vida del caudillo, significado de la barbarie para el sanjuanino, sino en su muerte. La Voluntad de Mayo no estaba representada en el liberalismo cosmopolita sino en el comunalismo personificado en Facundo, el caudillo ibérico, el cabildo como núcleo de la representación popular y la tradición hispanista. [15]
Una mañana del 2 de junio de 1944, fallecía en Unquillo este argentino excepcional, cuyos méritos culturales y humanos no han logrado vencer aún la indiferencia del país oficial, que se sigue negando a considerarlo como uno de los pocos y auténticos pensadores argentinos. [16] Sus restos reposan en el viejo cementerio de Unquillo y sobre su tumba, la lápida contiene la siguiente expresión: “Vivió y pensó para su tierra”. Estuvo casado con María Sabaté y tuvo un hijo, Gabriel, residente en Unquillo, en el mismo solar de su padre. El Instituto Provincial de Enseñanza Media N° 179 de San José de Calasanz, Villa Valeria (Córdoba) lleva su nombre desde 1997.


2. Saúl Taborda en la opinión de distintos autores

Fermín Chávez ubica a Taborda en el nuevo eje cultural argentino, dentro del capítulo “La descolonización 1930-1945”, junto a Leopoldo Lugones, Ramón Doll, Raúl Scalabrini Ortiz, Julio Irazusta y Leonardo Castellani. Cita una frase del autor cordobés “La vida de un pueblo es una realidad tejida de historia y de cultura”, a quien señala como uno de los pocos argentinos que alcanzó a construir una filosofía nacional. “Y en el caso argentino –dice Chávez- es de advertir que historia y cultura se caracterizan por un hecho inicial clave: la desubicación de la inteligencia argentina frente a la realidad político-social de la patria nueva, lo que empieza a revelarse al promediar la primera década de la Revolución de Mayo”.  Afirma que el día que la historia de la cultura argentina se escriba sobre un nuevo eje, habrá que darle el espacio y sitio que le corresponde al pensamiento historicista o antiiluminista desde Juan Bautista Alberdi a Sául Taborda. 
Para los iluministas europeizar significó liquidar los valores hispánicos en América, no obstante que pidieron “un tono nacional”, pero el mismo se evaporó al calor de la ideología progresista y antihistórica. En el siglo XX esto lo vio muy claro Taborda, que según Chávez provenía del liberalismo de tradición rivadaviana y describió el proceso cultural que giraba sobre el eje civilización-barbarie. “Desechando las directivas comunalistas –escribe Taborda-, expresadas con extraordinario vigor en esos portadores de la voluntad social desmonetizados por la prédica interesada que empeñamos en imponer al país la fisonomía unitaria concebida por una doctrina cuyos prestigios derivan de su perfección racional”. Para Taborda, desde antes de 1810, las provincias constituían una nación, “un fenómeno vivo y espontáneo de sociedad”. Pero ganados por la fortaleza discursiva de la ideología importada, se empezó a mutilar la nación. Destaca Chávez en coincidencia con Taborda: “Se hizo artículo de fe copiar al pie de la letra las instituciones ultramarinas, para dominar nuestra barbarie”. [17] Chávez en Civilización y barbarie en la historia de la cultura argentina afirma que nuestras “élites”, agobiadas por la europeización de América, terminan volviéndose contra lo nacional: “Muy pocos hombres de la generación liberal han escapado a la norma sarmientina. Debemos nombrar entre las excepciones al cordobés Saúl Taborda (hoy muy vapuleado por sus compañeros de generación) y al profesor Coriolano Alberini, en muchos aspectos…Ocultar y silenciar a Saúl Taborda es, para alguna gente, una medida de precaución, en defensa de lo viejo, ya que el testimonio último del filósofo llegaría, sin duda, con sus resplandores al fondo de la caverna de nuestro liberalismo cultural”. [18]
Luis Farré y Celina A. Lértora Mendoza afirman que Saúl Taborda y Deodoro Roca fueron en la primera mitad del siglo representante del pensamiento liberal en una Córdoba presionada por fanatismos y prejuicios. “En sus Investigaciones pedagógicas –sostienen estos autores- incursiona por el campo de la filosofía, aunque de manera marginal y escasamente profunda. No es de extrañar, por lo tanto, que considere a la pedagogía como la máxima expresión de la filosofía. Maneja conclusiones y definiciones de los más modernos filósofos alemanes, Spranger, Max Scheler y otros; aunque parece ignorar lo mucho y bueno que se publicó antes o a la par de estos aportes germanos”. [19]
Liborio Justo ubica a Saúl Taborda como uno de los protagonistas de la revolución estudiantil de la Reforma Universitaria en Córdoba, que en 1918 provocó el surgimiento de la “Nueva Generación” de América Latina y planteó ideales continentales y una actitud antiimperialista. “En el salón de grados proclamaron la huelga general, la revolución universitaria…Barros, Valdés, Roca, Taborda, Bordabehere y todos los que dirigían e inspiraban la campaña, hicieron oír su voz una vez más, en aquel momento solemne para la cultura del país”. [20]
Gustavo Cirigliano afirma que existe un dilema para quienes se acercan al pensamiento de Taborda: ¿es nacionalista o liberal? –se pregunta- y porqué lo alaban un pensador liberal como Adelmo Montenegro y un historiador nacionalista como Fermín Chávez. La clave sería aceptar que la evolución intelectual del cordobés recorrió diversos momentos. “El comunalismo –dice Cirigliano- será su versión de nacionalismo. Y cuando critica al ciudadano nacionalista critica al que es formado para el Estado”. [21]


Notas

[1] Saúl Taborda, Escritos Políticos 1918-1934. Edición y prólogo de Matías Rodeiro, Córdoba, Biblioteca Nacional de Córdoba-Universidad Nacional de Córdoba, 2009, p. VII. Alberto Buela, Pensamiento de ruptura, Buenos Aires, Theoría, 2008, pp. 149-150. 
[2] Ídem. Donación de Rafael de Altamira a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación www.rajyl.insde.es  [citado 7-VII-2011].
[3] Taborda, Escritos Políticos…, pp. VIII-IX.
[4] Ídem, p. IX.
[5] Ibídem. Horacio Sanguinetti, “Saúl Taborda y el Colón”, en Los Andes www.losandes.com.ar , 19-VI-2010 [citado 7-VII-2011].
[6] Taborda, Escritos Políticos…, pp. IX-X.
[7] Ídem, pp. X-XII, 81y 93,
[8] Ibídem, pp. XI y 136.
[9] Ibídem, p. 131.
[10] Ibídem, pp. XIII-XV.
[11] Ibídem, XIV-XV.
[12] Ibídem, pp. XX-XXIV.
[13] Ibídem, pp. XXXIII-XXXIV y 195-196.
[14] Ibídem, p. XIX. Saúl Taborda, La psicología y la pedagogía, Córdoba, Facultad de Filosofía y Humanidades-Universidad Nacional de Córdoba, 1959, pp. 7 y 144. Saúl Taborda, Investigaciones pedagógicas (Selección). Prólogo de Gustavo Cirigliano, Buenos Aires, Secretaría de Cultura de la Nación-Editorial Marymar, 1993, p. 57.
[15] Saúl Taborda, “Meditación de Barranca Yaco”, en Facundo. Crítica y polémica N° 1, Córdoba, 1935. Mina Alejandra Navarro, “El nacionalismo cultural de Saúl Taborda”, en  Nostromo. Revista Crítica Latinoamericana N° 3, Primavera-Otoño 2010, p. 259. www.nostromoediciones.net  [citado 8-VII-2011]. 
[16] Fermín Chávez, Civilización y barbarie en la historia de la cultura argentina, Buenos Aires, Ediciones Los Colihues, 1988, p. 99.
[17] Fermín Chávez, Historicismo e iluminismo en la cultura argentina: Juan Cuello-Rosas-Vico-Herder-Alberdi-Castañeda-Castellani-Nimio de Anquín, Buenos Aires, Editora del País, 1977, pp. 20, 23, 30, 32 y 124.
[18] Chávez, Civilización y barbarie…, pp. 40 y 100.
[19] Luis Farré-Celina A. Lértora Mendoza, La filosofía en la Argentina, Buenos Aires, Editorial Docencia-Proyecto Cinar, 1981, p. 95.
[20] Liborio Justo, Nuestra patria vasalla. Historia del coloniaje argentino, Buenos Aires, Editorial Grito Sagrado, 1989, t. IV, pp. 173-182.

[21] Taborda, Investigaciones pedagógicas…, pp. 8 y 11-12.